jueves, 13 de abril de 2017

Siroco en el Sahara


José Ortiz-Echagüe (1886-1980), fotógrafo, militar e ingeniero aeronáutico, hizo su primera foto a los 16 años, “Sermón en la aldea” (1903). El autor comentó que se trataba de una verdadera puesta en escena, todo estaba preparado; se realizó en la iglesia parroquial de Viguera, a 20 Km de Logroño, y exigió 10 minutos de exposición. Sin embargo esta preparación no resta un ápice a su potencia.
Sermón en la aldea 1903 Ortiz-Echagüe
La técnica de positivado incluía el bicromato de potasa, asociado a goma arábiga y acuarela, para obtener una sustancia sensible a la luz que utilizaron profusamente los fotógrafos llamados pictorialistas (del inglés picture, imagen) a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Entre ellos Edward Steichen (1879-1973), que en la década de 1950 dirigió la sección de fotografía del MoMA de Nueva York.
Madre e hija- 1906- Edward Steichen
Las fotografías obtenidas con la técnica descrita crean imágenes que, sin dejar de ser reales, tienen un indudable aire onírico, incluso irreal.
Siroco en el Sahara - 1965 - Ortiz-Echagüe
Hubo grandes discusiones sobre si el pictorialismo implicaba manipulación de las imágenes y si distorsionaba la realidad. El propio Ortiz Echagüe en el prólogo que escribió para un libro sobre su obra (INCAFO, Barcelona 1978) dice: “Debo por último declarar rotundamente que aborrezco totalmente toda intervención que tienda a imitaciones pictóricas y que no deseo que se me clasifique entre los que en el mundo anglosajón se denominan pictorialistas, pues he deseado siempre que en mis obras no apareciera rastro de intervención manual ya que si con frecuencia requieren una larga labor de retoque y afino, ésta debe realizarse con todo respeto al fondo fotográfico.”
Ortiz-Echagüe
Es la polémica eterna en la fotografía; si ésta refleja la realidad tal como es o no, o siquiera si inventa otra realidad. En todo caso, no es casual, e irónico con respecto a Ortiz-Echagüe, que se puedan clasificar las fotografías en función tanto de su técnica como del momento cultural que vivió su creador. La mirada modifica, inevitablemente, la realidad que refleja lo enfocado.

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