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domingo, 26 de febrero de 2017

La delgada línea roja

La delgada línea roja es una expresión que utilizó el periodista William H. Rusell cuando ejerció de corresponsal de guerra en la de Crimea (1853-1856).  Se refería a la defensa que hizo el 93 Regimiento de Highlanders manteniendo una posición contra la caballería rusa.
La delgada línea roja . Robert Gibb (1881) - Museo Nacional de la Guerra. Edimburgo
Rusell era corresponsal por cuenta del Times londinense; fue extremadamente crítico con el ejército británico y, sobre todo, por el trato a los soldados, los cuales sufrieron una enorme cantidad de bajas por enfermedades. Las crónicas que enviaba provocaron numerosas protestas que incluyeron a la propia reina Victoria y a su marido Alberto.
William H. Rusell - Roger Fenton (1855)
La guerra de Crimea enfrentó a los rusos con una coalición liderada por británicos y franceses para proteger al Imperio Otomano. La coalición fue comandada por el mediocre Lord Raglan; en ella se realizó la carga de la Brigada Ligera en Balaclava dirigida por el incompetente Lord Lucan y un auténtico asno, Lord Cardigan. Más tarde, la carga, fue cantada por el poeta oficial del Imperio Británico Alfred Tennyson: "por el Valle de la Muerte, cabalgan los Seiscientos ..."
Grupo hombres 13th Light Dragoons - Roger Fenton (1855)
La guerra de Crimea es la primera guerra moderna, hay críticas periodísticas, aparece un cuerpo de enfermeras dirigido por Florence Nigthingale, y sobre todo fue la primera guerra en ser objeto de un amplio reportaje fotográfico (al colodión húmedo) llevado a cabo por el equipo de Roger Fenton. En la Library of Congress (USA) es posible descargar en gran formato un apreciable número de fotografías de dicho reportaje.
Marcus Sparling - Asistente de Roger Fenton (1855)
Sobre todo fue una guerra que se libró, además de en el campo de batalla, en la prensa y en la propaganda. El reportaje fotográfico fue encargado por el príncipe Alberto para contrarrestar las duras crónicas de Rusell. La opinión pública y la prensa pasaron a tener una importancia creciente en la toma de decisiones políticas. En el estado moderno ya no bastaba la mera acción política, en el futuro iba a ser necesario convencer, seducir o engañar a la ciudadanía.

miércoles, 15 de febrero de 2017

El tiempo en que nos creíamos inmortales


"Siempre que encuentro alguien más o menos de mi edad, de gustos teóricos o éticos semejantes a los míos, alguien, en suma, que entiende la vida como yo (es decir, que no la entiende en absoluto), no tengo que bucear mucho tiempo en lo más íntimo y congenial de sus recuerdos para que aparezca, nimbado de gloria, Guillermo Brown."
 Así comenzaba Fernando Savater uno de los capítulos de su libro "La infancia recuperada",  publicado en 1975. El libro habla de los libros de su infancia, los libros de un niño en España en la década de 1950. Tengo muy presentes mis propias lecturas a fines de esa década. Tarzán fue una de ellas, en los libros que habían sido editados por Gustavo Gili a partir de 1927.
No puedo olvidar a Emilio Salgari que fue publicado en España por la Editorial Calleja con unas portadas tan fascinantes como los títulos de las novelas, El capitán Tormenta, El León de Damasco, El Corsario Negro, Los cazadores de cabezas, El rey de la pradera, y tantos otros.
Dibujo portada de Rafael de Penagos
"Last but not least" me tengo que referir a "La isla del tesoro" de Stevenson. Una auténtica historia de piratas del Caribe por la que transita su protagonista, el joven Jim Hawkins, aprendiendo a enfrentarse a "Long John Silver" en una relación muy compleja. Un relato redondo: ¡quién da más por 200 páginas!.
Los desiertos, las estepas y las selvas terminaban siendo tan familiares como el inconcebible pueblo inglés de Guillermo Brown. La infancia es el lugar en que se construye la sensibilidad, la forma de ver el mundo; donde se aprenden los símbolos y el lenguaje, y, como dice Savater, la ética. Y además, por supuesto, la geografía: el lago de Maracaibo, el Africa ecuatorial y las islas de la Sonda.

sábado, 4 de febrero de 2017

El viento del sol


En 2016 hubo una noticia interesante en el ámbito de la navegación espacial. Un grupo de físicos de la Universidad de California en Santa Bárbara investiga sobre la posibilidad de utilizar la propulsión fotónica, es decir que los fotones emitidos por un laser golpearan una nave (en principio pequeña) de tal manera que el empuje generado permitiera a dicha nave alcanzar altas velocidades; recordemos que en el espacio no hay rozamiento que frene los objetos en movimiento.

La ciencia-ficción está manejando esta posibilidad desde hace mucho tiempo. Arthur C. Clarke escribió en 1972 un cuento titulado "El viento del sol" en el que imaginaba una regata de naves espaciales cuyo sistema de impulsión consistía en enormes velas (de kilómetros cuadrados de superficie) que recogían los fotones emitidos por el sol y aprovechaban su energía cinética.

En 1975 se publicó "La paja en el ojo de Dios" (The mote in God's eye), una novela escrita por Larry Niven y Jerry Pournelle. En el relato la humanidad contactaba con una civilización alienígena que había construido una nave (con una vela) impulsada por fotones emitidos por un enorme láser instalado en un planeta y que permitía a la nave realizar una travesía interestelar. La novela tenía además un interés especial por tratar el contacto entre dos civilizaciones profundamente extrañas  y la forma en que terminaban relacionándose.

Más tarde, en 1992, David Weber comenzó una serie de novelas ambientadas en un futuro no muy lejano (a dos milenios) en el que la heroína, Honor Harrington, es una oficial naval en guerras entre sistemas estelares habitados por la humanidad. Hay referencias explícitas al ámbito de las guerras napoleónicas y a las novelas de C.S.Forester sobre Horatio Hornblower.

En estas novelas se hace referencia al sistema de impulsión de las naves espaciales, las velas Warshawski. Dicho sistema consistiría en la creación por la nave de campos magnéticos que funcionaran como velas que, a su vez, recogieran olas gravitacionales. Es decir, que el impulso se lograra mediante los gravitones al golpear las velas. Los gravitones son el vehículo (el bosón) mediante el que se manifestaría la fuerza de la gravedad.

Al final, nunca sabemos qué impulsa la investigación, si su propia dinámica interna o la imaginación novelada, si la ciencia o la filosofía.