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New York, realidad y fábula.

Siempre he pensado que el mejor lugar y tiempo para vivir, por supuesto siendo rico, era el Nueva York de fines de los años 1930. Antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial y cuando los efectos de la Gran Depresión se habían atenuado algo. Reinaba Franklin Delano Roosevelt, un patricio benévolo y astuto. Al que, por cierto, sus iguales odiaban cordialmente y consideraban que era poco menos que un comunista. El “New Deal” había cambiado las reglas de juego y atemperó la ferocidad del sistema capitalista.  Estados Unidos era entonces el país de las oportunidades, todavía funcionaba (relativamente) el “ascensor social” . Las clases medias, que habían nacido en los años 1920, y cuyas expectativas fueron destruidas en 1929,  habían vuelto a remontar. Se trataba de personas que podían vivir de su profesión u oficio con relativa holgura.  A la izquierda el pináculo del Hotel Pierre, a la derecha el Hotel Plaza. Fotografía de Samuel H. Gottscho, 23/01/1933. Library of Congress. Por su p
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Antonio y Felice Beato. Periferia imperial

“Y en el pedestal se leen estas palabras: "Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes: ¡Contemplad mis obras, poderosos, y desesperad!" Nada queda a su lado. Alrededor de la decadencia de estas colosales ruinas, infinitas y desnudas se extienden, a lo lejos, las solitarias y llanas arenas” Percy Bysshe Shelley (1792-1822), Ozymandias (1817). Cabeza y parte superior de la estatua de Ramses II, granito rosa. Origen Belzoni, 1817. British Museum. La primera vez que tuve noticia de Ozymandias  fue a principios de los años 1990. Hojeando una edición facsímil de “Description de l’Égypte” (Institut d’Orient, 1988) me sorprendieron varias menciones a Ozymandias, no sabía a quién o qué se referían. El vocablo era una transliteración griega de una denominación del faraón Ramses II (1303 a.C-1213 aC., XIX dinastía).  La “Description de l’Égypte” fue publicada en 1820 como resumen recopilatorio de los materiales reunidos por la expedición de Napoleón a Egipto en 1798. Esta expedición, la pr

La caverna de Platón

Ansel Adams es uno de los grandes fotógrafos americanos, eso está fuera de toda duda. Adams junto a Edward Weston (del que fue discípulo Adams), Paul Strand y otros formaron un grupo que defendía la “fotografía directa o pura” . Seguían la corriente abierta por Alfred Stieglitz y los llamados “pictorialistas” . Confieso que Ansel Adams nunca me ha gustado. Siempre he disfrutado de la fotografía descriptiva, de la fotografía de reportaje. Creo (opinión discutible) que la pasión de Ansel Adams por lograr la perfección en sus (magníficas) fotografías de los Parques Nacionales USA esconde cierta presunción artística. Prefiero la imperfección implicada en las fotografías de  Walker Evans, John Vachon o Jack Delano. Por otra parte, estas últimas han envejecido mucho mejor que las fotos artísticas, entre otras cosas, porque “cuentan” una época y una forma de vida. The Tetons and the Snake River. Grand Teton National Park. Ansel Adams, 1942. National Archives and Records Administration Susan

Manzanar, campo de "reubicación".

El 19 de febrero de 1942, al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Franklin Delano Roosevelt, 32º Presidente de los Estados Unidos, firmó la  Orden Ejecutiva 9066 . En dicha orden se autorizaba al Secretario de Guerra a calificar ciertas áreas como zonas militares. Sin mentar a ninguna etnia ni origen esta orden permitió el “internamiento” (en campos de concentración) de ciudadanos norteamericanos de origen alemán, italiano o japonés. Estos últimos fueron los más afectados, más de 100.000 fueron realojados en diez campos en diferentes lugares del país. La aplicación de la orden ejecutiva de forma inmediata supuso que muchos “internados” tuvieran que liquidar sus bienes de forma precipitada y siendo víctimas de especuladores. Entrada Manzanar War Relocation Center (California). Ansel Adams, 1943. Library of Congress. Sin embargo, en Hawái, a petición de los propietarios agrícolas, no se aplicó el internamiento ya que, al haber muchos braceros de orígen japonés, hubiera provocado  “pe

Hamlet y Don Quijote, existencialismo y melancolía.

Comprendí por primera vez la complejidad de una puesta en escena teatral gracias a una novela policíaca. Se trataba de ¡Hamlet, Venganza! (Michael Innes, 1937). La acción se desarrolla en una mansión campestre de la nobleza inglesa de entreguerras. La trama se basa en un crimen cometido durante una representación de Hamlet en la que los invitados ejercen de actores. El intérprete de Hamlet es un afamado actor (en la ficción) llamado Melville Clay. La narración sigue pormenorizadamente los avatares de la obra teatral. Hamlet, acto III, escena 1.Cuadro de Eduardo Rosales. 1872. Fotografía J. Laurent. Biblioteca Nacional de España La escena cumbre, la más famosa, es la primera del acto III. En ella tiene lugar el conocido parlamento de Hamlet, “Ser o no ser,…” . La escena se inicia con el Rey y la Reina, con Polonio, Rosencrantz y Guilderstein, en grupo, tramando la confabulación. Después llega Ofelia. Rosencranzt y Guilderstein se retiran. La reina sale de escena. Ofelia se coloca con s

Walter Albertin, biografía de un fotógrafo de prensa.

Desde hace muchos años estoy fascinado por una fotografía que descargué de la Library of Congress . Se trata de una imagen nocturna, tomada en 1952, en Washington Street, en New York. Allí se encontraba, en aquel momento, el mercado de frutas y verduras de New York, el mayor de los Estados Unidos. La fotografía presenta, a la izquierda, un grupo de asentadores y de trabajadores del propio mercado, iluminados por bombillas que cuelgan de una marquesina. Están rodeados de cajas de madera con verduras y frutas. A la derecha un camión, con dos hombres que miran a la cámara. En el primer piso están encendidas las luces de un despacho, presumiblemente de un comisionista del propio mercado. Esta fotografía siempre me ha parecido propia de un escenario de “novela negra” . El mercado desapareció en 1958. En la ficha asociada a esta fotografía en la Library of Congress consta su título “ Night view of produce market on Washington Street, New York City] / World Telegram & Sun photo by Walter

Suez 1956. Secretos y mentiras

La batalla de Qadesh tuvo lugar el 1274 a.C. a orillas del río Orontes, en Siria. Enfrentó a Ramsés II y al rey hitita Muwatalli II. La batalla terminó en una especie de empate. Ramses II no logró repetir los éxitos de Tutmosis III. El viejo ejército nacional egipcio ahora estaba formado por mercenarios nubios y del norte mediterráneo. Además, los hititas usaban (en un porcentaje sensible) armas de hierro y los egipcios de bronce. El resultado fue que los hititas se mantuvieron en la zona sin que los egipcios lograran ampliar su “hinterland”. Más tarde, en 1259 a.C. Ramses II suscribió un tratado de paz con el rey hitita Hattusili III. Se trata del acuerdo más antiguo de Oriente Medio. Incluso contiene una claúsula de extradición que se considera el primer convenio de estas características en la historia del Derecho Internacional.  Momia de Ramses II. Museo Nacional de la Civilización Egipcia. El Cairo El 29/10/1956 el ejército israelí ( Fuerzas de Defensa de Israel, Tzáhal ) ejecutó l

Egipto, Cromer y la burocracia imperial

Mehmet Alí (c. 1769-1849) fundó una dinastía que gobernó Egipto, con altibajos y en muchas épocas de forma nominal, desde 1805 hasta 1953. De origen albanés, se alistó en el ejército otomano, destacó, fue enviado a Egipto y logró comandar las tropas que derrotaron y expulsaron a los franceses en 1803. La Sublime Puerta le nombró gobernador general ( Beylerbey ) del territorio egipcio después de encabezar una especie de golpe de estado. Más tarde, entre 1811 y 1818, fue el encargado por los otomanos de acabar con la insurrección de los wahhabíes con lo que Egipto tuvo el control de las ciudades santas, La Meca y Medina. Realmente Egipto se convirtió en una especie de provincia autónoma del Imperio Otomano gracias a los efectos de la invasión napoleónica en 1798, al destruir el poder mameluco, y a los éxitos de Mehmet Alí en la península arábiga.  El Canal de Suez En Egipto, a lo largo del siglo XIX se permitió la formación de fincas muy extensas que terminaban en manos de los altos dig

La guerra de Corea. Grupos de poder

El devenir de la Historia se produce mediante acontecimientos entrecruzados que influyen entre sí de una forma no determinista, un tanto caótica. Tendemos a pensar que las decisiones humanas y los acontecimientos naturales tienen naturaleza de vector direccional, los concebimos como si fueran flechas espacio-temporales. Es posible que, en realidad, sean impactos que generan ondas (como piedras que caen al agua) y que esas ondas, con una frecuencia, amplitud y profundidad determinadas, chocan con otras y generan turbulencias. Esas turbulencias son los efectos de los acontecimientos ocurridos y por su naturaleza caótica nos resulta extremadamente difícil discernir una relación causal. El caos se convertiría de esta manera en una especie de armonía de carácter superior.  Partiendo de estas premisas una de las formas más operativas para proceder a un análisis histórico sería identificar modelos adecuados para cada evento. Recordemos el método científico de creación de modelos: desglosar en