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Entradas

David Roberts, escenografía de la realidad

El 27 de octubre de 1990 volviendo de un viaje a Madrid tomé un tren Talgo en la Estación de Chamartín. En la librería de la estación compré un libro, Alamut de Vladimir Bartol (Muchnik Editores, 1989). Es una novela (filosófica) sobre la historia del Viejo de la Montaña, Hassan-i Sabbah, el líder de los " hashhashin" (consumidores de hachis, vocablo origen de la palabra asesinos). Se trataba de los nizaríes, seguidores del ismaelismo (secta chiita). Se instalaron en la fortaleza de Alamut (en el norte del actual Irán) y utilizaron el asesinato selectivo en el ámbito del Islam como arma política. Terminaron siendo destruidos por tropas mongolas dirigidas por Hulagu, uno de los nietos de Gengis Kan. Vladimir Bartol, esloveno, pretendió con esta novela (escrita en 1938) poner sobre el tapete el mecanismo de destrucción (y autodestrucción) que acompaña a las ideologías totalitarias y/o excluyentes. Confieso que en la compra del libro influyó mucho su portada. Era una pintura de
Entradas recientes

Ducado de Ciudad Rodrigo y el Derecho Internacional Privado

Las Cortes de Cádiz acordaron, mediante el Decreto CXXXII de fecha 30 de enero de 1812 , la concesión “… al Lord Vizconde Wellington Grandeza de España de primera clase para sí y sus sucesores, libre de lanzas y medias anatas (impuesto que gravaba la concesión de cargos), con el titulo de «Duque de Ciudad-Rodrigo».”  Posteriormente, mediante Decreto CCLXXVIII de fecha 22 de julio de 1813 , se acordó “...Se adjudica al Duque de Ciudad Rodrigo para sí, sus herederos y sucesores el sitio y posesión Real conocido en la vega de Granada por el «Soto de Roma», con inclusión del terreno llamado «de las Chanchinas» ( sic, debería ser Chauchinas ) , que se halla situado dentro del mismo término del Soto, para que le hayan y disfruten con arreglo a la Constitución y a las leyes.“ Las Cortes de Cádiz. Salvador Viniegra y Lasso de la Vega, 1912. Museo de las Cortes de Cádiz El ducado de Ciudad-Rodrigo se concedió por los servicios prestados a la Nación española. Al año siguiente se cedió un bien i

Arthur Wellesley, Duque de Wellington

Sir Arthur Wellesley (1769-1852), Duque de Wellington, nació en Irlanda, en una familia de la baja nobleza, estudió en Eton y entró en el ejército británico en 1787. Se incorporó en 1797 al ejército de la Compañía Británica de las Indias orientales (EIC). En 1798 estalló la cuarta y última guerra Anglo-Mysore; el ejército de la EIC, con su fiel aliado el Nizam de Hyderabad, derrotó a Tipu, sultán de Mysore. Wellington participó en el asedio y asalto de Seringapatam (Srirangapatna), la capital de Mysore. En 1803 empezó la tercera guerra con el imperio maratha (confederación maratha para los británicos). Wellington que ya había demostrado su valía logró una victoria sobre los marathas en Assaye. El propio Wellington, vencedor en Waterloo contra Napoleón, consideraba esta batalla de Assaye su mejor logro. Por otra parte muchos consideran su victoria en Los Arapiles (en 1812, al lado de Salamanca) su “obra maestra” .  Wellington en Waterloo. Robert Alexander Hillingford Merece la pena exam

Concilio de Calcedonia, la unión hipóstatica

  Me enteré de la existencia del Monasterio de Santa Catalina del Sinaí en 1964. En ese año estrenaron en España una película de aventuras “El valle de los reyes” (The Valley of the Kings, Robert Pirosh, MGM 1954). No estaba mal, Robert Taylor y Eleanor Parker interpretaban papeles de arqueólogos que investigaban la posible tumba egipcia de José (el bíblico hijo de Jacob). Sus pesquisas les llevaban, entre otros lugares, a Santa Catalina del Sinaí. Esto último es lo que me dejó la película en la memoria. Un monasterio ortodoxo en medio de la nada, en el desierto del Sinaí. En el centro, el Monasterio de Santa Catalina del Sinaí. Fotografía tomada desde la cima de Gebel Muneiga mirando al noroeste. Matson Photo Service. Library of Congress. La historiadora Judith Herrin en su obra Bizancio (Debate, 2007) da claves para entender los orígenes y el devenir del monasterio. Se trata de una obra muy bien estructurada, no en orden cronológico sino temático. La lectura es amena y permite un ac

Robert Clive, el Raj depredador

La batalla de Plassey tuvo lugar el 23 de junio de 1757. Plassey se encuentra en Bengala (actual Bengala Occidental, en la India), a unos 130 kilómetros al norte de Calcuta. No es una gran batalla, se enfrentaron por un lado el ejército del nabab de Bengala, Siraj ud-Daulah, apoyado por un grupo de artilleros franceses, y por otro un pequeño contingente de la Compañía Británica de las Indias Orientales ( East India Company, EIC ) dirigido por Robert Clive. Tuvo una enorme repercusión, fue el comienzo irreversible del dominio británico en la India. Sus antecedentes son muy complejos. Mapa de la India, 1740. Al Oeste el mar Arábigo y al Este el Golfo de Bengala. Robert Clive comandaba unos 3.000 hombres y derrotó a unos 50.000. Ello fue posible por tres razones. A mediodía un tremendo aguacero silenció la artillería del nabab porque, al contrario que los ingleses, no tenía lonas para proteger la pólvora. Más tarde, Clive aprovechó un ataque no planificado de un subordinado (el mayor Kilp

Herbert Asbury, arrabal y malevaje

Borges, en “Historia universal de la infamia” , dedica un capítulo al libro de Herbert Asbury “Gangs of New York” , editado en 1927. El título es muy sugerente: “El proveedor de iniquidades Monk Eastman” . Está dedicado a uno de los gangsters más famosos  a fines del siglo XIX. Eastman, como todos los hampones de su tiempo (y tal vez de todas las épocas) tenia muchos contactos con el poder político. Tammany Hall, sede del Partido Demócrata en Nueva York, controló la ciudad desde mediados del siglo XIX hasta 1934 en que Fiorello Laguardia (hombre cercano a F.D. Roosevelt) fue elegido alcalde y disminuyó su poder. Tammany Hall estuvo ligado a todos los grupos mafiosos que analiza Asbury. Incluso algunos de sus jefes como John Kelly, John Morrisey y Richard Croker tenían estrechos vínculos con las bandas. Los gangsters eran utilizados para la intimidación de los adversarios y para la manipulación de las votaciones. En esos días el núcleo duro del hampa estaba formado por irlandeses.  Tam

Henri Matisse. Artes decorativas

Cuenta Margaret MacMillan en “1914. De la paz a la guerra” (Turner, 2013) que, a principios del siglo XX y según un chiste de la época, las cinco instituciones perfectas de Europa eran el estado mayor alemán, la curia católica, el parlamento británico, el ballet ruso y la ópera francesa. Una de ellas, los ballets rusos  se gesta desde la mitad del siglo XIX como la diversión representativa (y de prestigio) de las clases dirigentes rusas. Pedro I el Grande (1672-1725) había establecido la enseñanza obligatoria del baile a los hijos de la nobleza. El ballet imperial ruso fue organizado a partir de la mitad del siglo XIX. Sus mejores coreógrafos, Marius Petipa (de origen francés) e Ivan Vsevolozhsky, montaron las realizaciones más típicas de su repertorio, las grandes obras de Chaikovski y de Alexander Glazunov. Interior con jarrón etrusco. 1940. Henri Matisse Los dos teatros que utilizó el Ballet Imperial, el Bolshói (Moscú) y el Mariinski (San Petersburgo), fueron también teatros de óp

La guerra de Corea. Stalin y Mao

Hay un archivo, Wilson Center Digital Archive (en Washington DC), que ha digitalizado los telegramas cruzados entre Stalin y Mao Zedong sobre los avatares que rodean a la guerra de Corea. Resultan sumamente interesantes para comprender la naturaleza instrumental de dicho enfrentamiento y, además, para entender lo que ocurrió en el mundo comunista a raíz de este evento. Hay casi 200 documentos cuyo análisis muestra lo que estaba ocurriendo en el “otro lado” y las luchas internas entre Stalin y Mao que terminarían desembocando en la escisión entre China y la URSS a fines de la década de 1950. Corea, que había sido anexionada por Japón en 1905, fue, después de la Segunda Guerra mundial, dividida entre soviéticos y norteamericanos (paralelo 38º). Corea del Sur dependía del control estadounidense ejercido desde el Japón ocupado y gobernado por Douglas MacArthur como procónsul de USA. Kim Il-Sung, el dirigente norcoreano, aparente protagonista de la guerra, era un ferviente comunista

Corea. La guerra fría.

El New York Times publicó, el 26/09/2007, un artículo de William Grimes que resultaba ser una mezcla entre obituario y crítica literaria. Comentaba el libro de David Halberstam (1934-2007) “The Coldest Winter: America and the Korean War” (“La guerra olvidada” , Crítica, 2008). Comienza diciendo que (la guerra de Corea) fue “un conflicto militar perfectamente adaptado a la era del existencialismo, la alienación y el antihéroe. Los objetivos eran oscuros, y el enemigo sombrío.” Se trata de una crónica de la periperica bélica. Pero sobre todo es, además, una puesta en escena de la situación política de Estados Unidos en el segundo mandato de Truman (1949-1952) y del origen de las posiciones norteamericanas durante la guerra fría. David Halberstam utiliza su capacidad de análisis, que le proporcionó el premio Pulitzer en 1964 por sus reportajes de Vietnam. Sus críticas del régimen de Ngô Dinh Diem provocaron que Kennedy intentara boicotear sus crónicas para el NYT. Korean War Veterans