domingo, 20 de agosto de 2017

Cruzando ríos

“El 15 de mayo de 1796 entró en Milán el general Bonaparte al frente de aquel ejército joven que acababa de pasar el puente de Lodi y de enterar al mundo de que, al cabo de tantos siglos, César y Alejandro tenían un sucesor.” Con esta rotundidad comenzaba Stendhal “La cartuja de Parma”, publicada en  1839.
Los triunfos militares de Napoleón están íntimamente ligados a su capacidad de planificación, la utilización del Estado Mayor y la artillería móvil. La imagen más característica de las guerras napoleónicas es un armón de artillería con un tiro de caballos.
Captura de batería francesa por el 52º Regimiento, Batalla de Waterloo - 1896 - Ernest Crofts
Pocos años antes, en la noche del 25 de diciembre de 1776, George Washington cruzaba el río Delaware. Al día siguiente derrotó en la batalla de Trenton a los mercenarios hessianos; fue la prueba de que el ejército continental podía vencer a fuerzas regulares. Washington fue muy hábil en la gestión, su gran capacidad de organización suplía sus carencias militares.
Washington cruzando el Delaware - 1851 - Emanuel Gottlieb Leutze
Washington y Napoleón construyeron el mundo moderno. Los norteamericanos instauraron la república de “hombres libres” y Napoleón consolidó el fin del Antiguo Régimen. Como siempre, el precio fue alto; en las guerras napoleónicas el número de muertos estimado oscila entre tres y seis millones de personas.
Napoleón y su plana de generales en Egipto - 1867 - Jean-Léon Gérôme
Julio César, el antecesor de Napoleón citado por Stendhal, cruzó el Rubicón en la mañana del 11 de enero del año 49 A.C. Cuenta Suetonio, en “Las vidas de los doce Césares” (121 D.C.): “Cuando alcanzó a sus cohortes junto al río Rubicón, que era el límite de su provincia, se detuvo un poco y, reflexionando sobre la magnitud de la empresa que proyectaba, se volvió a sus acompañantes y dijo: «Todavía ahora podemos retroceder, pero si cruzamos este pequeño puente, todo tendrá que resolverse por la fuerza de las armas»”.
Vercingetórix entrega sus armas a Julio César - 1899 - Lionel Royer
Más tarde, César alegó que se había visto obligado a librar una guerra civil para defender su dignitas: su reputación. Desde su juventud había estado convencido de su superioridad. Adrian Goldsworthy en su biografía sobre Julio Cesar dice que era orgulloso y presumido y añade “Tal vez, como Napoleón, estaba tan fascinado por su propio personaje que eso le ayudó a embelesar a otros”.

domingo, 6 de agosto de 2017

Contando ovejas

Denise Schmandt-Besserat, arqueóloga, en un artículo publicado en noviembre de 1978 por Investigación y Ciencia, describía como se gestó la invención de la escritura. Apuntó hipótesis nuevas que cambiaron completamente las ideas que hasta entonces habían prevalecido.
Denise Schmandt-Besserat - 26/06/2006 (Flikr)
Las excavaciones en Uruk, por alemanes en 1929 y 1930, así como en Nuzi (Irak), por norteamericanos también en los años 1920, revelaron la existencia de tablillas de arcilla cocida huecas, en forma de huevo, a las que Pierre Amiet, llamó en latín “bulla”.
La antigüedad de estas bullae se remontaría al 6.000 A.C. Su finalidad era contener pellas de arcilla cocida modeladas en diversas formas geométricas: esferas, cilindros, conos y tetraedros.
Schmandt Besserat descubrió que en todo Oriente Medio, desde Turquía a Pakistan y desde el Cáucaso hasta Jartum, se encontraron esas piezas de arcilla, que llamó “token” (símbolo). Se dataron desde el 9.000 A.C. y su aparición coincidiría con la transición de las culturas de pastores recolectores a las culturas sedentarias, que se produjeron por el agotamiento de la caza a causa del aumento de población.
Estos token, de confección costosa, se habían interpretado como objetos religiosos, piezas de juego o amuletos. Sin embargo tenían una finalidad diferente, identificar bienes. El almacenamiento de alimentos se volvió crucial y provocó la necesidad de identificar los cupos de aportación de cada individuo o grupo. Cada tipo de token representaba una oveja, una cantidad de cereal, una vasija de aceite, etc. Los token se almacenaban dentro de las bullae.
La  urbanización aceleró el proceso. Las bullae servían también para los intercambios comerciales, se marcaban con los sellos de comprador y vendedor; esto hizo surgir un problema, si se marcaban no podían ser destruidas para comprobar el interior. La solución fue marcar en el exterior los propios token. Se encontró una bulla que contenía seis fichas ovoides con surcos; cada una de las seis fichas había sido presionada contra la superficie de la bulla. Se terminaron abandonando los token y quedaron las tablillas donde se inscribían las incisiones que hubieran correspondido a cada símbolo. Curiosamente las tablillas de arcilla continuaron, por inercia, manteniendo una forma curva y no plana.
Tableta sumeria - 3.200 A.C.
Al principio se trató de un sistema de memoria artificial que permitía que los símbolos representaran lo mismo para personas que hablaban idiomas diferentes. Poco a poco los símbolos fueron adquiriendo significados abstractos relacionados seguramente con los fonemas implicados en el nombre de cada cosa. El proceso duró miles de años. Lo realmente fascinante es que la escritura no nació como una interpretación ideográfica de los objetos sino que su origen sería mucho más prosaico; la contabilidad precedió al pensamiento abstracto.