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domingo, 3 de diciembre de 2017

Mau-mauando al parachoques


“El coqueto aerodinámico rocanrol color caramelo de ron”. Este fue el delirante título de la primera obra (1965) de Tom Wolfe publicada en España por Tusquets en 1972. Se trataba de un conjunto de artículos periodísticos que, junto a los de otros autores norteamericanos, inauguraron lo que se dio en llamar “nuevo periodismo”.
Tom Wolfe - 1996
Más tarde se publico “La izquierda exquisita & mau-mauando al parachoques” (escrito en 1970). Los artículos son fantásticos; todavía preparo los canapés de roquefort con nueces que adoraban los “Panteras negras” invitados por la “izquierda exquisita” neoyorquina (Leonard Berstein) para proporcionar escalofríos a sus invitados. O recuerdo la alucinante escena de parados californianos, incluyendo enormes samoanos con bastones, mau-mauando al  funcionario federal encargado de gestionar ayudas laborales.
The connoisseur - Norman Rockwell - 1961
En 1975 Wolfe se empezó a meter con el arte moderno y con la (a su juicio) nefasta influencia de la Bauhaus en la arquitectura. Siempre ha sido un escritor polémico y polemista. En 1979 publicó Lo que hay que tener (The Right Stuff), se trata de una narración documental a caballo entre la novela y el periodismo en la que cuenta la carrera ruso-norteamericana por el control del espacio. En concreto el Proyecto Mercury, que antecedió al Proyecto Apolo.
Astronautas Proyecto Mercury - 20/01/1961
Este libro también tiene sus momentos: el vicepresidente Johnson, despotricando, teniendo que esperar en un automóvil a que lo recibiera la esposa de John Glenn y la memorable barbacoa que ofrece Texas a los astronautas, en el Sam Houston Coliseum de Houston con el aire acondicionado a la máxima potencia y las nubes de vapor de las barbacoas ascendiendo hasta el techo.
Manifestación contra la guerra de Vietnam - Warren K. Leffler . 19/01/1968 - Library of Congress
En 1987 publicó su primera auténtica novela, La hoguera de las vanidades, sobre un broker de Wall Street en la burbuja de bonos de mediados de los años 1980; era una crónica tan minuciosa que al describir los objetos indicaba su precio en dólares. Tom Wolfe ha soñado ser el Charles Dickens de su mundo; no sé si lo habrá conseguido. Desde luego es el gran cronista del imperio en la época en que la guerra de Vietnam destruyó la autocomplacencia.