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lunes, 30 de enero de 2017

Dorothea Lange vs Marion Post Wolcott


En la década de 1930, en el Estados Unidos devastado por la Depresión de 1929. se creó la  Farm Security Administration (FSA), con la finalidad de trabajar en el reasentamiento de granjeros indigentes reconvertidos en jornaleros; cerca de un millón de personas. Para documentar lo que estaba ocurriendo se encargó a un conjunto de fotógrafos que efectuaran reportajes sobre lo que sucedía.

Dorothea Lange (1895-1965) fue uno de esos fotógrafos.

Dorothea Lange - Library of Congress
Su visión fue muy dura, retrató la miseria y, sobre todo, la desesperanza;  sus imágenes muestran la sorpresa de los que, habiendo creído en un futuro razonable, habían sido arrojados del paraíso.

Carretera de Oklahoma a California. Marzo 1937 - Library of Congress 
El cine mostró imágenes similares, o más duras,  en la película "Las uvas de la ira" (1940), de John Ford basada en la novela homónima de John Steinbeck.

Las uvas de la ira - John Ford
Marion Post Wolcott (1910-1990), que también trabajó para FSA

Marion Post Wolcott
Retrató un mundo diferente, con un aire optimista.

 
Parque caravanas. Sarasota (Florida). Enero 1941 - Library of Congress

El mismo aire que impregnaba las películas de Frank Capra, como en Sucedió una noche (1934).

Sucedió una noche - Frank Capra


Ambas fotógrafas vieron el mismo mundo, las dos caras de la moneda. Hölderlin en Patmos (1803) lo expresó de una forma magistral: "Pero donde hay peligro crece lo que nos salva".

domingo, 22 de enero de 2017

William Beckford - Fonthill Abbey


La relectura es un buen consejero. He releído un artículo de Manuel Ribas Piera que se publicó en la revista Arquitecturas Bis en noviembre de 1975 (número 10) y que realizaba un brillante análisis sobre los orígenes del neogótico y del romanticismo en el siglo XVIII.

El artículo nació de una visita de Ribas Piera a Strawberry Hill, la mansión creada por Horace Walpole, hijo del que fue el primer primer-ministro de Gran Bretaña, y que, además escribió un libro de terror "El castillo de Otranto" en 1764. Este libro contiene todos los detalles que caracterizarán a la novela gótica, castillo, cadenas ,mazmorras y criptas.

Strawberry Hill
Luego el género evolucionará con M.G. Lewis (El Monje), alguna novela del Marqués de Sade y el Manuscrito encontrado en Zaragoza de Jan Potocki (ya de 1805). Este último recoge un conjunto, a veces deshilvanado, de aventuras en Sierra Morena de Alfonso van Worden, de las guardias valonas del Rey, que está repleto de intrigas, bellas moriscas, ahorcados, encierros y dialogos filosóficos; su lectura recuerda un poco a las Mil y una noches, tanto por las diferentes situaciones como por la técnica de las cajas chinas. 

Manuscrito encontrado en Zaragoza-Película de Tadeusz Kwiatkowski (Polonia 1965)
Otra de las grandes novelas góticas es Vathek (1786), una auténtica novela de terror, en la que el noveno califa de la estirpe de los Abbasidas termina, por su soberbia, en el Palacio del Fuego Subterráneo (el infierno). Según Borges, Vathek contiene el primer infierno verdaderamente atroz de la literatura: el infierno dantesto magnifica la noción de una cárcel; mientras que el infierno de Vathek, los túneles de una pesadilla. El autor es William Beckford, un rico heredero que encargó en 1796 a James Wyatt la construcción de Fonthill Abbey.

Fonthill Abbey
Fonthill Abbey es un delirio arquitectónico, se construye una abadía con la finalidad de que funcione como una residencia privada. En 1800 fue visitada por Nelson y Lady Hamilton. Fue vendida en 1822 y posteriormente derribada.

Hall en Fonthill Abbey
Según Ribas Piera el neo-clásico, el neo-gótico y el neo-oriental nacen a mitad del siglo XVIII y conviven con el final del Rococó. Indica que "en la historia de la cultura no es posible establecer genealogías cerradas y filiaciones estrictas, ni tan sólo nacimientos o defunciones, sino que únicamente puede hablarse de 'normalidades' con valor estadístico de 'máxima frecuencia' y por tanto de 'probabilidad' mayor a la hora de interpretarlas."


Los individuos generan ideas, estilos y productos culturales, y su entorno los adopta en mayor o menor medida; los que ganan la partida terminan creando la imagen de cada época.

sábado, 14 de enero de 2017

Lawrence de Arabia

A principios del siglo XX la península de Arabia estaba bajo el dominio nominal del Imperio Turco. El control real lo ejercían diversos reinos y tribus. Los más importantes eran la casa de Saud, al este controlando Riad, y los Hachemitas, controlando el oeste y las ciudades santas de La Meca y Medina, en el Hedjaz.
Cuando estalló la Primera Guerra Mundial el Imperio Británico, que tenía colocado un peón, Harry Saint John Philby, cerca del rey Ibn Saud, culminó una alianza con los hachemitas mediante la que Thomas Edward Lawrence, como agente sobre el terreno, serviría de asesor en la rebelión contra los turcos.
Lawrence, estudiante en Oxford, hizo su tesis doctoral en 1910 sobre las fortalezas de los cruzados en Palestina; más tarde participó en excavaciones en Karkemish, en la actual Turquía. Como todos los arqueólogos en aquella época, y en aquella zona, terminó siendo espía oficioso por cuenta de los británicos.
Krak de los Caballeros
Después de la guerra, en 1921, fue reclutado por Winston Churchill, a la sazón ministro de Colonias, para participar en la conferencia de El Cairo en la que se nombró emir de Tansjordania  a Abdullah, uno de los hijos de Hussein, el sheik hachemita de la Meca.
Churchill, Lawrence y Abdullah
 En 1925 los saudíes se apoderan del Hedjaz derrotando a los hachemitas. Los británicos habían jugado a dos bandas. El Indian Office, el "lobby" de la Administración colonial de la India, había apoyado a Ibn Saud y, sin embargo el "Arab Office", del departamento de guerra y el Foreign Office, estaba detrás de los hachemitas. Tan poderoso era el Imperio Británico que se permitió el lujo de que dos grupos de poder internos lucharan entre sí para dictar la política exterior.
17/08/1935- Ibn Saud y Abdullah
Ya era demasiado tarde, el descubrimiento en los años treinta de las reservas de petróleo en la zona y la alianza de los saudíes con los norteamericanos dio al traste con las posibilidades del decadente y agotado Imperio británico. Lo que resulta interesante es comprobar que las actividades políticas de los imperios están generadas y dirigidas por los grupos de poder que, en el interior de los mismos, luchan entre sí.

miércoles, 4 de enero de 2017

El galeón de Manila, los cacahuetes, la plata mexicana y la guerra del Opio

El 14 de septiembre de 1793, al atardecer, Lord Macartney se presentó, como embajador británico, ante el emperador de la China, el anciano y astuto emperador Quianlong (contaba 83 años y hacía 57 que reinaba en China).
El embajador llevaba una capa de Caballero de la Orden del Baño sobre un traje de terciopelo morado moteado. Iba acompañado por Sir George Staunton, baronet, el cual lucía su manto escarlata de doctor de Derecho Civil por la Universidad de Oxford, su hijo de doce años y también llamado George formaba parte de la comitiva como paje.
Emperador Quianlong

Era un encuentro entre un imperio emergente y un imperio cesante. El emergente era el británico, dueño de la India y a punto de comenzar las guerras napoleónicas, de las que saldría prácticamente como potencia mundial única e indiscutida. El cesante el imperio chino que paradójicamente se encontraba en el cenit de su poderío.
Lord Macartney

China había tenido un crecimiento demográfico impresionante por una revolución agrícola que se produce en los siglos XVII y XVIII a causa de la mejora en las técnicas de cultivo tradicional (trigo, cebada, mijo y arroz) y sobre todo por las plantas del nuevo mundo, boniato, aráquida (cacahuete), sorgo (gaoliang) y maíz. Además frutas y verduras, volatería y cerdos, y una hábil piscicultura. El agricultor chino en esta época vive mucho mejor que su homólogo europeo.

El imperio Qin tenía la mayor extensión jamás alcanzada por China, ello implicaba enormes gastos militares. A esto se añade el aumento maltusiano de la población. La economía está a punto de colapsar al no poder atender el crecimiento de los habitantes.

Además China comercia con el mundo entero (Japón, Asia del sureste, Europa y América vía Manila). Se ha podido calcular que de los 400 millones de dólares de plata importados de América del sur y de México hacia Europa entre 1571 (inicio del viaje anual del galeón entre Acapulco y Manila) y 1821 (independencia de México), la mitad sirvió para que los países occidentales compraran productos chinos. 
Moneda plata Carlos IV con resellos chinos
China era exportadora de sedas, porcelanas, lacas y otros productos acabados muy apreciados en Occidente. Se pagaba con plata (la plata americana) y plantones de semillas. Hasta entrado el siglo XX se detectan pagos en el interior de China en monedas españolas de plata acuñadas en México.

A partir de finales del siglo XVIII aumenta enormemente el consumo de té chino en Gran Bretaña; en parte por razones higiénicas, la escasez de agua potable implica la necesidad de hervir el agua, y el té, que da sabor al agua, tiene éxito en la naciente clase media inglesa. 

Pero el té chino hay que pagarlo en plata y se produce un hundimiento en la producción de plata mexicana por la independencia. Los ingleses introducen en China clandestinamente opio cultivado en Bengala por la Compañía inglesa de las Indias Orientales. El opio se paga inevitablemente en plata que la Compañía utiliza para pagar el té. Ello produce una sangría insufrible para el tesoro chino y provoca tensiones y enfrentamientos que terminan culminando en la primera guerra del Opio entre 1839 y 1842, que cierra el Tratado de Nankín. La globalización ha existido desde siempre.