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domingo, 30 de junio de 2019

Clientes y patronos

Henry Kamen (Rangún, Birmania, 1936) es un historiador británico asentado en España (Barcelona) desde hace muchos años. Es un especialista en el Imperio Español en la época de los Austrias, y en concreto en Felipe II. Es polémico, ya que sus hipótesis irritan alternativamente a tirios y troyanos. Emplea técnicas procedentes de la economía y la sociología y, sobre todo, ha realizado exhaustivos estudios sobre documentos y archivos.
Felipe II - Antonio Moro (1549-1550)- Museo de Bellas Artes de Bilbao
En "El enigma de El Escorial. El sueño de un rey" (Espasa, 2009) se muestran varias de estas ideas. La más interesante, el carácter multinacional, tanto en el terreno  político como económico, del imperio. Los españoles eran una minoría más. Por ejemplo, en la batalla de San Quintín la participación de tropas españolas fue minoritaria. Italianos, alemanes, flamencos e, incluso, franceses formaban las tropas imperiales. Esa misma composición se encontraba en el núcleo de control del poder. 
Felipe II - Taller de Tiziano (1550) - Museo del Prado
El propio Felipe II no concebía su reinado sino como el resultado de una estructura dinástica, los estados que gobernaba “no pertenecían a España, sino que compartían el mismo rey“. El concepto de estado moderno todavía no había nacido siquiera. La transición desde un estado tardomedieval a uno moderno se empieza a esbozar a mediados del siglo XVII. La Revolución inglesa resulta ser clave. Uno de sus teóricos, James Harrington (1611-1677), que analiza la posibilidad de una república representativa, le dedica su libro "La república de Oceana" (1656) a Oliver Cromwell.
Felipe II - Sofonisba Anguissola (1565-1573) - Museo del Prado
Estas tesis sobre la época de los Austrias, son avaladas por los estudios (monumentales) de Stanley J.Stein y Barbara H.Stein que inciden en la existencia de una estructura estatal basada en las relaciones de lealtad entre distintos grupos de poder, aristocracia, banqueros y militares. Los Stein analizan el intento de los Borbones, en concreto Carlos III, de crear un Estado moderno. Investigan la importancia de los egresados de la Universidad de Salamanca en la creación de una burocracia funcionarial que hubiera permitido una administración imperial más eficiente. Llegan a la conclusión de que ya era demasiado tarde. El imperio fenece por los enemigos externos, las tensiones internas y la existencia de una clase emergente (los criollos) en América que quería la independencia porque el imperio ya no le resultaba rentable. Kamen recuerda que un porcentaje ínfimo de la población en la América hispana de fines del siglo XVIII tenía un origen español.
Carlos III, cazador (hacia 1786) - Francisco de Goya y Lucientes - Museo del Prado
El imperio de los Austrias estaba más cercano al Imperio Romano que al Estado moderno. Roma se basaba en una estructura clientelística y cuasi mafiosa, “patronos y clientes“ (Philipe Ariès y Georges Duby). Había nacido en contraposición a las estructuras autoritarias, mas primitivas, vigentes hasta ese momento. Era un  “banco de favores”. A lo largo de la Edad Media la consolidación de un sistema feudal estiliza y protocoliza esta estructura que se prolonga hasta la Guerra de los Treinta Años. 
Moctezuma, Hernán Cortés y La Malinche - Lienzo de Tlaxcala (hacia 1556)
Un acontecimiento que ilustra esta perspectiva es la conquista de México por Hernán Cortés. Cortés, que se había hecho rico en Cuba, financia la expedición a Tierra Firme, se trata de una actividad personal (con autorización de la Corona), y logra poner de acuerdo a los enemigos de los aztecas (imperio mexica) para destruir su hegemonía. Como cuenta (fantásticamente bien) el historiador mexicano Juan Miralles Ostos (1930-2011) Cortés se convierte en un gestor de alianzas entre los grupos de poder locales, totonacas y tlaxcaltecas entre otros. Al cohesionar a los diferentes actores de la zona mediante intereses compartidos inventa, en los términos de Miralles, Mexico.

domingo, 2 de junio de 2019

Simbolismo calculado

Los objetos arquitectónicos, los edificios, se diseñan y construyen a partir de dos premisas fundamentales: la información que contienen y la expresividad (forma o figura) mediante la que se muestran. Tal y como indica Wittgenstein, Tractatus proposición 3.32, “El signo [forma] es lo sensorialmente perceptible en el símbolo [información]”. Hay un arquitecto que cultivó, de forma casi obsesiva,estos principios, se trata de Alvar Aalto (1898-1976), finlandés, participante en los avatares del Movimiento Moderno.
Alvar Aalto
Estableció contactos con la Bauhaus en los años 1920, fue invitado como miembro numerario a los  CIAM (Congreso Internacional de Arquitectura Moderna) en 1929. Construyó obras racionalistas memorables como la Biblioteca de Viipuri y el Sanatorio de Paimio. Sin embargo abandona este ámbito para investigar sobre una arquitectura más organicista, más ligada, por un lado, a un cierto humanismo y, por otro, a la reflexión sobre la evolución cultural de la arquitectura. Se decantó hacia una especie de neobarroco (según Gillo Dorfles).
Sanatorio de Paimio (1929-1933)
La obra de Aalto que recoge de forma más clara estos objetivos es el Ayuntamiento de Säynätsalo (1949-1952), situado en una isla lacustre del interior de Finlandia. Aalto admiraba la arquitectura italiana del medievo. Su intención fue construir un modelo a escala de la “piazza”, un conjunto autosuficiente, un manifiesto sobre la arquitectura publica.
Ayuntamiento de Säinätsalo. A la izquierda, escalera de acceso, frente, torre Ayuntamiento y derecha, en bajos, tiendas.
El sistema de trabajo de Aalto consistía en analizar pormenorizadamente todos los aspectos de cada proyecto, lo hacía de forma minuciosa. Después, intentaba encontrar el dibujo, la expresión, que lograra contener todos los requisitos. En última instancia utilizaba el método científico de creación de modelos: desglosar en las partes componentes, comprender cada una de las partes y desentrañar como encajan las partes. El clásico proceso de deconstrucción y reconstrucción.
Ayuntamiento de Säinätsalo. Patio central. Derecha, escalera acceso, entrada a la torre del Ayuntamiento. 
En Säynätsalo, en primer lugar, utiliza el concepto de la “ciudad en la colina” que recoge de su viaje a Italia, a laToscana. Fabrica una colina artificial, la aplana y sobre ella construye la estructura. Ësta se muestra como una villa romana, el patio y alrededor las edificaciones. El acceso se realiza por una escalera en uno de los ángulos, se accede al patio, que no es transitable y tiene un estanque, y se sigue a la derecha para acceder a la torre en la que se encuentra, en el segundo piso, la sala del concejo municipal. Es un camino iniciático.
Ayuntamiento de Säinätsalo. Detalle de la parte posterior. Al fondo la torre del Ayuntamiento, al otro lado del patio.
El conjunto comprende el Ayuntamiento, una biblioteca, un banco, viviendas y varias tiendas; es un trasunto de un centro urbano. La torre tiene una altura ligeramente superior a la del ayuntamiento de Siena (Italia); Aalto, interrogado al respecto, apunto la importancia de la primacía de lo público sobre lo privado. Los detalles se cuidaron al milímetro, los sillones en que se sientan los concejales tienen detrás pequeñas chapas con los nombres de todas las personas que los han ocupado. 
Ayuntamiento de Säinätsalo. Salón plenos.
Todos los edificios se elaboran en ladrillo rugoso e imperfecto, un material humilde. La obra contiene múltiples metáforas. Es una acrópolis, el patio tiene aire de jardín japonés, el estanque alude al lago que rodea la isla, los peldaños de la escalera opuesta a la principal están cubiertos de césped que enlaza con la naturaleza circundante. No hay ningún aspecto que se haya dejado al azar.
Ayuntamiento de Säinätsalo. Patio y estanque.
Uno de sus últimos biógrafos, la historiadora Eeva.Liisa Pelkonen dice que “…el virtuosismo de Aalto y la diversidad de su trabajo lo convierten en un tema difícil tanto para que los estudiantes lo estudien y emulen como para que los maestros lo enseñen.”. No dejó herederos. De ello se hacía eco Rafael Moneo en la necrológica que escribió en Arquitecturas Bis (número 13, mayo-junio 1976): “Por ello, con sorpresa y angustia, me pregunto: Aalto, ¿era para nosotros un extraño?. Al dejarnos, al morir, Aalto, tal vez para nuestra desgracia, era lo que siempre le hubiese gustado ser: un eterno outsider.”