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sábado, 27 de mayo de 2017

Café y magdalena

Sarah Bakewell publicó en 2016 “En el café de los existencialistas”. Se trata de un ensayo biográfico muy bien estructurado, y a veces divertido, en el que repasa a los filósofos existencialistas y a sus antecesores.
Edmund Husserl es uno de éstos; presentó por primera vez la fenomenología en “Investigaciones lógicas” (1900). Propone acceder a la subjetividad intentando despojar la mirada de manipulación alguna; ver los fenómenos en sí mismos, limpios y desnudos.
Edmund Husserl - Wikipedia
Marcel Proust publica entre 1913 y 1927 “En busca del tiempo perdido”. Proust nos cuenta sus peripecias y cómo las vive. Siempre me ha parecido un viaje al interior, a la mirada que tenemos sobre lo que nos rodea y las sensaciones que esto nos produce. Intenta recrear la mirada original, la de la infancia, la mirada no contaminada.
Marcel Proust (izq.) con su madre Jeanne y su hermano Robert  -1896 - Bibliothèque nationale de France
James Joyce publica “Ulises” el 2 de febrero de 1922. También es un relato íntimo, si cabe todavía más agudizado, se trata de un monólogo interior, una corriente de la conciencia, casi una escritura automática; ese automatismo está obviamente relacionado con la ausencia de prejuicios. Tal vez Joyce es más existencialista que el intimista Proust. Treinta años después de leerlos me resulta más cercano Joyce que Proust, tal vez menos moroso.
Nora Barnacle, James Joyce y su abogado el día de su boda, 4 de julio de 1931 - Londres - State University New York
Jean Paul Sartre culmina estas visiones de la condición humana: “La existencia precede a la esencia”. Solamente somos, en tanto en cuanto, estando en marcha, ejercemos nuestra libertad. La identidad personal tendría entonces un carácter instrumental, “el ego es una ficción de la conciencia“ (Pablo A.J. Brescia).
Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir
Sin embargo, la identidad personal, la conciencia, no existiría solamente para interpretar la realidad sino también para encontrar la verdad oculta en los objetos. Para ello es necesario el pensamiento abstracto. Y, el pensamiento abstracto, nació, sobre todo, con la invención del alfabeto (la escritura). El relato que nos contamos a nosotros mismos es el germen del ego, de la conciencia individual.

sábado, 13 de mayo de 2017

El Gran Juego

Rudyard Kiplig publicó “Kim” en 1901. Se trata de una magnífica novela de aventuras y de propaganda política. El núcleo de la trama gira alrededor del “Gran Juego”; la pugna que llevaron a cabo el Imperio Británico y el Ruso desde la mitad del siglo XIX hasta, prácticamente, la Segunda Guerra Mundial. El objetivo era el control del corazón del mundo, en la afortunada expresión del historiador Peter Frankopan: la zona que comprende Asia Central y el Oriente Medio hasta la India.
Rudyard Kipling - Library of Congress
La segunda guerra del Afganistán (1878-1880), fue uno de los episodios de esa larga lucha. Curiosamente en ella participa John Watson, el ayudante de Sherlock Holmes. Al ganarla los británicos se hicieron con el control de la zona en un momento de expansión de los rusos en el Asia Central. Otra casualidad, Miguel Strogoff de Julio Verne se publica en 1876.
Yaqub Khan y Sir Pierre Cavagnari -26/05/1879 - Gandamak (Afganistán) - Wikipedia
En 1904 comenzó la guerra ruso japonesa con el ataque japonés a la fortaleza rusa de Port Arthur, al sur de Manchuria, en el Mar Amarillo. La guerra se desarrolló a favor de los japoneses y culminó con la derrota rusa en la batalla naval de Tsushima. Los japoneses habían suscrito con los británicos un tratado de alianza en 1902. Por ello al Almirante Rozhestvensky, derrotado en Tsushima, se le negó el aprovisionamiento en bases británicas durante su azaroso viaje desde el Báltico al Lejano Oriente.
Tropas japonesas en Port Arthur - 1905 - Library of Congress
El siguiente episodio se plasma en la creación en 1909 de la Anglo-Persian Oil Company (la futura BP). Poco antes de la Primera Guerra Mundial el Almirantazgo británico, dirigido por Winston Churchill y Lord Fisher, se hizo con el control de la compañía que resultaba ser crucial para que los nuevos buques de guerra no dependieran de fuentes de suministro externas, en concreto norteamericanas (Standard Oil) y holandesas (Royal Dutch Shell).
Winston Churchill, Primer Lord del Almirantazgo - 1911
La primera Guerra Mundial no fue solamente una lucha contra Alemania, el Imperio Austro-húngaro y el Imperio Turco. Para los británicos era un asunto crucial el Oriente Medio. De hecho se frotaron las manos con la Revolución soviética, pensando que el caos subsiguiente debilitaría la amenaza rusa. Después de la guerra crearon un país artificial, Irak, sustituyeron al Sha apoyando al militar Reza Jan, y fomentaron, en la década de 1920, la instalación de judíos en Palestina. La cuestión era proteger los pozos petrolíferos persas y el oleoducto que llegaba hasta Haifa.
Rey Feisal de Irak (iz.) y su hermano el Rey Abdullah de Transjordania (der.) - Jerusalén 1933- Library of Congress
El Imperio británico desapareció, le terminó pasando el testigo a la CIA con el golpe contra Mossadeq en Irán en 1953; pero el Gran Juego continúa. Tal y como uno de los personajes de la novela de Kipling, Harry Chunder Mookherjee, le dice a Kim O‘Hara: “Cuando todo el mundo haya muerto terminará el Gran Juego. No antes.”