sábado, 1 de abril de 2017

La catedral de luz

El 25 de mayo de 1937 se abrió en París la Exposición Internacional. Se concedieron sendas medallas de oro a los pabellones de la Alemania nazi y de la Unión Soviética. El soviético había sido diseñado por Boris Iofan, que, derrotando al constructivista Melnikov, ganó el concurso de su país con un diseño academicista. Su oponente, en todos los sentidos, fue el pabellón alemán que, curiosamente, tenía una factura similar y fue diseñado por Albert Speer.

A la izquierda el pabellón de Alemania y a la derecha el de la Unión Soviética
Albert Speer fue el arquitecto del nazismo. El niño mimado de Hitler, el cual, a su vez, se consideraba un artista frustrado. Speer ayudó decisivamente a construir el imaginario del imperio nazi. Lo hizo a través de sus diseños; sobre todo de los que realizó para los congresos anuales en Nuremberg. El arquitecto Luis Jesus Arizmendi. que elaboró un cuidadoso estudio sobre Speer (EUNSA, 1978), señaló que en dichos diseños aparece el rectángulo como receptáculo de masas.
Nuremberg . septiembre 1934
En el  Congreso de 1935 Speer diseño una estructura luminiscente. En un recinto en que se agolpaban ciento setenta mil participantes, en la oscuridad y partidos en zonas de sombra y luz, hizo colocar en el perímetro ciento treinta gigantescos reflectores del ejército; creó una "catedral de luz". Arizmendi señala: "Estar dentro de ella (pertenecer al grupo) marcaba la seguridad, la tranquilidad que ya no era posible al traspasar la frontera luminosa y sumirse en las sombras, en la indefensión."
Nuremberg - septiembre 1935
Hannah Arendt comentó que, según los movimientos pangermanistas que antecedieron al nazismo, el hombre, perteneciendo inevitablemente a algún pueblo, recibía su origen divino sólo indirectamente a través de su pertenencia a ese pueblo. Este mecanismo transformaba al pueblo en una masa «elegida» y uniforme de arrogantes robots.
Nuremberg . septiembre 1935
La puesta en escena pertenece a la modernidad, que también tiene su lado oscuro. Los totalitarismos, el nazi y el soviético, crearon parte de los fetiches del mundo moderno que, transformados o no, se siguen utilizando.

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