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domingo, 27 de octubre de 2019

Futurismo y depravación

Gabriele D’Annunzio (1863-1938) fue una mezcla explosiva, poeta y político a la vez, indisolublemente. Como todos los poetas utilizó el lenguaje para crear nuevos significados, metáforas no descubiertas (creo que las metáforas no se inventan, se descubren) y, sobre todo, para proyectar una utopía de hierro y violencia.
Gabrielle D'Annunzio. En los años del Vittoriale
Lucy Hughes-Hallet publicó en 2013 una exhaustiva biografía del vate italiano, "El gran depredador" (Ariel, 2015). La vida de D’Annunzio giró alrededor de un evento, el experimento social que desarrolló en Fiume desde septiembre de 1919 a diciembre de 1920. Fue un furibundo nacionalista italiano, escritor reconocido y famoso, soldado y aviador en la Primera Guerra Mundial. La ocupación de Fiume tenía como finalidad reivindicar la italianidad de la Dalmacia.
D'Annunzio rodeado de "arditi" en Fiume. Algunos de ellos tienen el cabello largo, se trataba de un gesto diferencial ("con el pelo largo de los aqueos")
Fiume fue ocupada por los seguidores de D’Annunzio, llamados “arditi” (como los soldados de asalto del ejército italiano). Se convirtió en una república donde, durante poco más de un año, reinaron la anarquía, las drogas, el libertinaje y la violencia. Según el propio D’Annunzio se trataba de un experimento estético, crear una nueva sociedad que se adaptara a los “nuevos tiempos”. Era la “despiadada nueva era de la máquina” anunciada por Filippo Tomaso Marinetti en el “Manifiesto futurista” publicado en Le Figaro el 20/02/1909. En el manifiesto se proclamaba la “belleza de la velocidad” y se calificaba la guerra como la única higiene posible para el mundo.
"Formas únicas de la continuidad en el espacio" - Umberto Boccioni - 1913
A pesar de que D’Annunzio siempre defendió que Marinetti no tenía nada que ver con su movimiento la realidad es que ambos, de una forma u otra, inspiraron la estética fascista. Los gritos, “Eia, eia, Alalá” (creado por D’Annunzio con presunto origen griego), las camisas negras de los “arditi”, el saludo romano, prefigurado por el brazo en alto con un puñal (que siempre portaban los "arditi"), y la parafernalia escénica de los desfiles militares fueron utilizados por Mussolini en el proceso creativo de la imagen del fascismo. Walter Benjamin indicó (La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, 1936) que D’Annunzio había colaborado en el fenómeno de estetización de la política que surge con el fascismo, su aportación habría consistido en la incorporación de la decadencia a la política.
"Profilo continuo" (desarrollo del perfil de Mussolini) -Renato Bertelli -1933 
Los futuristas, a través del propio Marinetti, permanecieron muy próximos al régimen fascista. Proporcionaron a éste una imagen de furiosa modernidad. El fascismo italiano, al contrario que el nazismo, se asoció a una estética moderna, racionalista. La pintura, la escultura y la arquitectura que se realizaron en ese período se podían integrar en las vanguardias sin problema alguno. Tal vez el ejemplo perfecto es la Casa del Fascio, construida (1932-1936) en Como por Giuseppe Terragni. 
Casa del Fascio - Como - Giuseppe Terrragni
Otro arquitecto, Gio Ponti, que fue fundador en 1928, de la revista Domus (decoración de interiores) se encargo de remodelar el cuarto de baño, en mármol y lapislázuli, de D’Annunzio, en el Vittoriale degli italiani situado en Gardona Riviera (lago de Garda). Ponti, más tarde, fue el autor de la Torre Pirelli (en Milán 1956-1960). D’Annunzio se pasó desde 1921 a 1938 remodelando el Vittoriale incesamente, convirtiéndolo en una especie de memorial estético y mausoleo personal.
Adolf Hitler y Benito Mussolini - Venecia - 1934
D’Annunzio estuvo muy ligado a Venecia, en esta ciudad sus benefactores lo acogían en el ambiente de lujo y opulencia decadente que siempre fue su pasión. Allí, en 1934, Mussolini recibe a Hitler. En la Biennale, Hitler muestra su rechazo al “degenerado arte modernista”. Mussolini opinó (según Hughes-Hallet) que parecía “un fontanero con gabardina”. Al parecer no tenía la prestancia física y la presunta elegancia del “Duce”. El fascismo italiano que había nacido en la violencia prefigurada por Fiume terminó en otra orgía de violencia, la República de Saló. A ello se refirió Pier Paolo Pasolini, en 1975, en su atroz película “Saló o los 120 días de Sodoma”, asociando el fascismo a Donatien Alphonse François de Sade y consiguiendo otra maldita metáfora de la violencia.

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