viernes, 12 de abril de 2019

El dominio del aire

El 11 de junio de 1931 se realizó el primer vuelo comercial (entre Londres y París) del Handley Page HP42. Se trataba de un interesante biplano cuatrimotor (motores Bristol Jupiter de 490 CV cada uno) enteramente metálico con revestimiento de tela en las alas; tenía dos cabinas para un total de 24 pasajeros y velocidad de crucero de 161 km/hora. Fue fabricado expresamente para la Imperial Airways; se entregaron cuatro unidades de este modelo y otras cuatro del HP45. Tuvieron su base en El Cairo y fueron la columna vertebral de las conexiones aéreas con Africa y la India.
Handley Page HP42 G-AAUD Hanno (explorador cartaginés). Primer vuelo 19/07/1931. fotografía ca. 1935 Library of Congress.
La Imperial Airways se había fundado el 31 de marzo de 1924 por la fusión de cuatro compañias`privadas y con la tutela directa del Estado. La compañía era una consecuencia del interés estratégico que la aviación tenía para Gran Bretaña. Se eligió Egipto como base operacional. Frederick Hugh Sykes, jefe del Estado Mayor Aéreo en la Primera Guerra Mundial se refirió a este país como “hub” (centro aéreo de conexión y transferencia), es la primera aplicación de esta palabra inglesa al ámbito aéreo.
Handley Page HP45 G-AAXE Hengist (hermano de Horsa, conquistador de Gran Bretaña). Primer vuelo 08/12/1931. Destruido en un incendio en Karachi el 31/05/1937. Fotografía en Entebbe (Uganda) 1936. Library of Congress. 
El desarrollo de la actividad de la Imperial Airways originó una enorme infraestructura. Fueron necesarias bases aéreas y almacenes de suministros y combustible. Propició conexiones mucho más rápidas para el correo y el transporte de pasajeros y mercancias valiosas. Cohesionó los territorios británicos de una forma totalmente nueva.
Handley Page HP42 G-AAUD Hanno. Repostando en Samakh (lago Tiberíades, Palestina). Fotografía octubre 1931 Library of Congress.
La existencia de la compañía permitía la investigación aeronáutica y la constante formación de mecánicos y pilotos. Su finalidad era, sobre todo, militar. La guerra de Afganistán (1919-1921) y sobre todo la rebelión de Irak, en 1920, habían mostrado la posibilidad de utilizar fuerza aérea con ataques selectivos sin necesidad de costosos contingentes terrestres. La bancarrota financiera británica producida por la Gran Guerra pedía nuevas formas de mantener la hegemonía. Un imperio de bajo coste.
Handley Page HP45 G-AAXE Hengist en Malakal (Sudán). fotografía de 1936. Library of Congress.
Sobre los bombardeos en Irak hay una feroz y sarcástica crítica de Thomas Edward Lawrence (Lawrence de Arabia), escrita en The Observer (08/08/1920) y comentada por Hannah Arendt (en Los orígenes del totalitarismo). Arendt calificaba al propio Lawrence como un ejemplo de honestidad intelectual. En el artículo periodístico de Lawrence, una auténtica diatriba contra los métodos imperiales, se decía: “El bombardeo de las viviendas es un medio incongruente de alcanzar a las mujeres y a los niños… Mediante ataques con gas toda la población de los distritos en rebeldía quedaría barrida; y como método de gobierno no sería más inmoral que el sistema actual”. Realmente no hay nada nuevo bajo el sol.
Handley Page HP45 G-AAXE Hengist. Aeródromo de Alejandría (Egipto). Library of Congress.
Uno de los apóstoles del poder aéreo, el militar italiano Giulio Duhuet (1869-1930), predijo en 1921 (en su obra El dominio del aire) que los bombardeos masivos sobre la población civil quebrantarían totalmente la voluntad de lucha del enemigo. Luego se demostró, durante la Segunda Guerra Mundial, a pesar de los terribles y mortíferos bombardeos, que no fue así. El arma aérea no era sino otro avance técnico en la guerra. En realidad, el gran cambio que  terminó produciendo fue que el espacio militar clásico (napoleónico) de dos dimensiones se transformó en un espacio de tres dimensiones.

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