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jueves, 4 de enero de 2018

Relatividad perceptiva

Connie Willis es una muy buena escritora de ciencia ficción. También es una estupenda escritora en general. Una de sus novelas, “El Apagón“, trata de historiadores de Oxford, en 2160, que realizan viajes al pasado; en concreto al Londres de 1940, bombardeado por los alemanes, el “blitz”.
Connie Willis
Esta novela continúa en “Cese de Alerta”; ambas constituyen una puesta en escena  que recrea de forma impecable la vida cotidiana en la Gran Bretaña asediada durante la II Guerra Mundial. Lo hace con una documentación exhaustiva y con una construcción de personajes creíbles que permiten sumergirse en el pasado.
Londres - 1940
Una de las cuestiones más interesantes que proporciona el libro es la comprensión de la mirada sobre la época narrada; por ejemplo, se trata de un mundo en el que todavía no hay antibióticos. Ello provoca constantes temores de los protagonistas ante su indefensión por algo tan común como un resfriado. Estamos hablando de percepción. Las cosas conocidas no requieren de nosotros ni un momento de atención, las incorporamos a nuestro ámbito sin pestañear.
La adoración de los pastores - Giorgione
Una recopilación de cuentos publicada por Connie Willis en 2004 titulada “El espíritu de la Navidad” contenía un cuento, “Posada”, que ilustraba lo dicho sobre la percepción de una manera que me resultó sobrecogedora. Se trataba de una feligresa que participa en la conmemoración de la Navidad, una especie de belén viviente. Por un bucle temporal se encuentra en la puerta trasera de la iglesia con una pareja de jóvenes muy extraña, con túnicas andrajosas y ella embarazada. Teniendo en cuenta el frío reinante los intenta esconder en el sótano; y al bajar se da cuenta de que “... ellos no sabían cómo bajar las escaleras, la muchacha se dio la vuelta y bajó de espaldas, con las manos planas sobre los escalones de arriba, y el muchacho la ayudó a bajar, escalón tras escalón, como si estuvieran descendiendo entre rocas, …”. Más tarde María y José, pues eran ellos, terminan saliendo por la puerta al mundo del que procedían.
Relativity - M.C. Escher . 1953
Se trata de un ejemplo de que algo tan habitual como una escalera es un artefacto tecnológico; algo desconocido para las personas pobres del siglo I que no podían conocer un palacio o un edificio más sofisticado que una cabaña. Lo que somos capaces de percibir está íntimamente relacionado con el mundo que conocemos. El resto no lo vamos a ver a no ser que logremos entrenar una mirada limpia y no contaminada, en el sentido que le daban Brentano y Husserl.

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