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Al Capone. Trastienda del sueño americano.

 Al Capone  (1899-1947) reinó en Chicago desde 1926 hasta su encarcelamiento  en 1931. Su fama es universal, su impacto en la opinión pública de su tiempo propició que pasara a formar parte del imaginario del mundo moderno. Fue un reinado de terror y de control de las actividades de juego, prostitución y venta de alcohol, esta última de forma clandestina por la prohibición de la Ley Volstead (Decimoctava enmienda a Constitución USA en 1919). Al Capone era un hombre inteligente, con facilidad para los números (y la contabilidad), carente de escrúpulos, violento y extremadamente vanidoso y pagado de sí mismo. Curiosamente era querido por las masas, se le consideraba una especie de benefactor público. Es preciso recordar que la Prohibición, vista con perspectiva, fue un intento de la “América profunda” para obtener el control de una sociedad cada vez más diversa por la inmigración. En 1900 Estados Unidos tenía 76 millones de habitantes. Entre 1880 y 1920 entraron 20 millones de inmigrant

Ley Sherman Antitrust

“Sherman tiene razón; el único medio posible de terminar este desgraciado y horroroso conflicto… es hacerlo terrible hasta que nadie lo pueda soportar…” . Esta cita pertenece al diario que Henry Hitchcock, ayudante jurídico del general William Tecumseh Sherman, escribió sobre su experiencia en la Guerra Civil norteamericana. Sherman fue el primer general moderno en aplicar el concepto de “guerra total” . Jefferson Davis lo calificó como “el Atila del Continente Americano” . Sherman aplicó, más tarde, el mismo concepto de aniquilación del enemigo, de forma indiscriminada, en las Guerras Indias. Fundamentalmente (a partir de 1866) contra los sioux. Sentados: Major General John Alexander Logan, Lieutenant General William Tecumseh Sherman , Major General Henry Warner Slocum. De pie: Major General Oliver Otis Howard, Major General William Babcock Hazen, Major General Jefferson Columbus Davis, Major General Joseph Anthony Mower. Fotografía de Mathew Brady, 1865. Library of Congress. Sherman

Fortuny y Chanel. Moda y vida

El 8 de marzo de 1951 el periódico ABC publicó un suelto en el que se daba la noticia de la llegada a Madrid de una serie de cajas que contenían cuadros de Mariano Fortuny y Marsal y de su hijo Mariano Fortuny y Madrazo. Se trataba de una donación realizada por la viuda de Fortuny y Madrazo, Henriette Negrin, a diversos museos en Madrid, Barcelona, Reus y Córdoba. En el Museo del Prado ingresó, aparte de otros, el cuadro “Los hijos del pintor en el salón japonés” pintado por Fortuny y Marsal en 1874, dos meses antes de su muerte, el 21/11/1874. El cuadro (fascinante e inacabado) muestra a a sus hijos, Maria Luisa  y Mariano. Este último jugando con telas, presumiblemente de la magnífica colección de su madre Cecilia Madrazo, hija del pintor Federico Madrazo. Las colecciones de telas eran una afición extendida por entonces entre las clases pudientes de toda Europa.  "Los hijos del pintor en el salón japonés" . Mariano Fortuny y Marsal, 1874. Cortesía del Museo del Prado. Mar

Milton Caniff, elipsis, fractales y China

Milton Caniff realizó (como dibujante y guionista) las historietas de “Terry y los piratas” entre 1934 y el 30 de diciembre de 1946. Se publicó en forma de tiras cómicas (cuatro líneas por tres o cuatro viñetas) en las ediciones, inicialmente diarias y luego dominicales,  de periódicos de todos los Estados Unidos. Llegó a ser leída por 31 millones de suscriptores. Se trató de un encargo que le hizo Joseph Medill Patterson, fundador del New York Daily News y de uno de los grandes grupos editoriales de tiras cómicas, el Chicago Tribune-New York News Syndicate . Patterson, que había estado en China, como corresponsal de Hearst, al final de la rebelión de los Boxers , hizo el encargo a Caniff de una tira cómica que se desarrollara en China. En Estados Unidos, desde mediados del siglo XIX, siempre hubo un gran interés por incorporar a China a su órbita de influencia.  Viñetas iniciales de "Terry y los piratas". Milton Caniff. Norma Editorial, 1991. La obra de Caniff tiene gran im

New York, realidad y fábula.

Siempre he pensado que el mejor lugar y tiempo para vivir, por supuesto siendo rico, era el Nueva York de fines de los años 1930. Antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial y cuando los efectos de la Gran Depresión se habían atenuado algo. Reinaba Franklin Delano Roosevelt, un patricio benévolo y astuto. Al que, por cierto, sus iguales odiaban cordialmente y consideraban que era poco menos que un comunista. El “New Deal” había cambiado las reglas de juego y atemperó la ferocidad del sistema capitalista.  Estados Unidos era entonces el país de las oportunidades, todavía funcionaba (relativamente) el “ascensor social” . Las clases medias, que habían nacido en los años 1920, y cuyas expectativas fueron destruidas en 1929,  habían vuelto a remontar. Se trataba de personas que podían vivir de su profesión u oficio con relativa holgura.  A la izquierda el pináculo del Hotel Pierre, a la derecha el Hotel Plaza. Fotografía de Samuel H. Gottscho, 23/01/1933. Library of Congress. Por su p

Antonio y Felice Beato. Periferia imperial

“Y en el pedestal se leen estas palabras: "Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes: ¡Contemplad mis obras, poderosos, y desesperad!" Nada queda a su lado. Alrededor de la decadencia de estas colosales ruinas, infinitas y desnudas se extienden, a lo lejos, las solitarias y llanas arenas” Percy Bysshe Shelley (1792-1822), Ozymandias (1817). Cabeza y parte superior de la estatua de Ramses II, granito rosa. Origen Belzoni, 1817. British Museum. La primera vez que tuve noticia de Ozymandias  fue a principios de los años 1990. Hojeando una edición facsímil de “Description de l’Égypte” (Institut d’Orient, 1988) me sorprendieron varias menciones a Ozymandias, no sabía a quién o qué se referían. El vocablo era una transliteración griega de una denominación del faraón Ramses II (1303 a.C-1213 aC., XIX dinastía).  La “Description de l’Égypte” fue publicada en 1820 como resumen recopilatorio de los materiales reunidos por la expedición de Napoleón a Egipto en 1798. Esta expedición, la pr

La caverna de Platón

Ansel Adams es uno de los grandes fotógrafos americanos, eso está fuera de toda duda. Adams junto a Edward Weston (del que fue discípulo Adams), Paul Strand y otros formaron un grupo que defendía la “fotografía directa o pura” . Seguían la corriente abierta por Alfred Stieglitz y los llamados “pictorialistas” . Confieso que Ansel Adams nunca me ha gustado. Siempre he disfrutado de la fotografía descriptiva, de la fotografía de reportaje. Creo (opinión discutible) que la pasión de Ansel Adams por lograr la perfección en sus (magníficas) fotografías de los Parques Nacionales USA esconde cierta presunción artística. Prefiero la imperfección implicada en las fotografías de  Walker Evans, John Vachon o Jack Delano. Por otra parte, estas últimas han envejecido mucho mejor que las fotos artísticas, entre otras cosas, porque “cuentan” una época y una forma de vida. The Tetons and the Snake River. Grand Teton National Park. Ansel Adams, 1942. National Archives and Records Administration Susan

Manzanar, campo de "reubicación".

El 19 de febrero de 1942, al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Franklin Delano Roosevelt, 32º Presidente de los Estados Unidos, firmó la  Orden Ejecutiva 9066 . En dicha orden se autorizaba al Secretario de Guerra a calificar ciertas áreas como zonas militares. Sin mentar a ninguna etnia ni origen esta orden permitió el “internamiento” (en campos de concentración) de ciudadanos norteamericanos de origen alemán, italiano o japonés. Estos últimos fueron los más afectados, más de 100.000 fueron realojados en diez campos en diferentes lugares del país. La aplicación de la orden ejecutiva de forma inmediata supuso que muchos “internados” tuvieran que liquidar sus bienes de forma precipitada y siendo víctimas de especuladores. Entrada Manzanar War Relocation Center (California). Ansel Adams, 1943. Library of Congress. Sin embargo, en Hawái, a petición de los propietarios agrícolas, no se aplicó el internamiento ya que, al haber muchos braceros de orígen japonés, hubiera provocado  “pe

Hamlet y Don Quijote, existencialismo y melancolía.

Comprendí por primera vez la complejidad de una puesta en escena teatral gracias a una novela policíaca. Se trataba de ¡Hamlet, Venganza! (Michael Innes, 1937). La acción se desarrolla en una mansión campestre de la nobleza inglesa de entreguerras. La trama se basa en un crimen cometido durante una representación de Hamlet en la que los invitados ejercen de actores. El intérprete de Hamlet es un afamado actor (en la ficción) llamado Melville Clay. La narración sigue pormenorizadamente los avatares de la obra teatral. Hamlet, acto III, escena 1.Cuadro de Eduardo Rosales. 1872. Fotografía J. Laurent. Biblioteca Nacional de España La escena cumbre, la más famosa, es la primera del acto III. En ella tiene lugar el conocido parlamento de Hamlet, “Ser o no ser,…” . La escena se inicia con el Rey y la Reina, con Polonio, Rosencrantz y Guilderstein, en grupo, tramando la confabulación. Después llega Ofelia. Rosencranzt y Guilderstein se retiran. La reina sale de escena. Ofelia se coloca con s